Destapaba la última cerveza que le quedaba cuando la vio. La imagen era ya conocida, y sin embargo, siempre era diferente. Causado por su adicción al cine estadounidense de acción o romance, el pasar de Alejandra a través del cuarto era en cámara lenta, de cuadro en cuadro: close up a su busto, tilt up desde sus piernas y panorámica a lo ancho de sus ojos verdes.
Nuestro héroe y protagonista, es todos nosotros; aquellos a quien una bella mujer les quitó el habla y el carisma con una mirada traviesa, entrecerrada.
Se empina la cerveza, (oh el alcohol, argamasa de su valor y tenacidad, sin él se vuelve como todos nosotros: común, pero poco corriente, enamorado). Piensa en cómo le dirá que le vuelve loco, hoy más que nunca (está borracho claro, pero es un borracho honesto). Va ensayando las miradas y las risas. Nuestro Héroe se nutre de las sonrisas que arrebata, sean hombre o mujeres, pero de éstas últimas puede vivir sin probar bocado.
La tiene entronada, idealizada. Y así procede él a bajarla al lodo, a la mugre de su deseo carnal y a la pulcritud de sus intenciones.
De espaladas, con las orejas en los omóplatos, le escucha hablar con algún insolente. Él no sabe de chistes baratos, no sabe de piropos gastados y miradas lascivas, él sólo quiere hacerle saber que besa bien y que ama mejor.
Mira a sus amigos como soltero por última vez. Prestan atención desde la barda; como cuervos espectantes ante la derrota o la victoria, se echan a reír y él comienza la marcha del olvidado, del espontaneo, del amante secreto.
Te preguntarás cómo sé tu nombre Alejandra. ¿Qué?, pues vamos en clase juntos, ¿**** verdad?. Sí, ¿cómo sabes? (se jala los vellos de la pierna a través de los bolsillos por hacer tan idiota pregunta), claro, clase. Quiero pedirte disculpas. ¿Por?.
Fiel a su gusto por el cine melodramático e irreal, la besa. La negrura de la eternidad lo invade. Gane o pierda, sacó el veneno del amor oculto y reverenciado. Un trono le espera en el Olimpo junto a los amantes míticos.
El valor que el alcohol infiere, llega a cambio de pérdida de sentidos (comunes), entre ellos el tacto. No sabe a que le sabe su objeto del deseo. Pero un empujón le anuncia el término.
"$%&$!!!". De seguro el final del encuentro. Amurallada por amigos (y por ende pretendientes) el retrocede a la barda de los cuervos. Sonrisas fúnebres lo reciben, él no hace caso, la única que se le clava en memoria, es la de ella; lo ve desde la distancia y negando con la cabeza le muestra los dientes...
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