Porque vale la pena recordar que somos un chiste cruel. Que a cada hoja que dejamos sin pisar otro lo hará.
Vale la pena cantar canciones que hagan sonreir, que hagan saltar, que inviten al acercamiento sincero entre amigos y entre amores.
Volar, soñar, amar, reir, cantar, declarar, tocar, oler; éstos son mis verbos. Acciones que guardo entre parpadeos y respiraciones.
La promesa de la llegada de la Primavera es la única exenta de riesgos. Te arrebata, te incita, te amarra a la esperanza del regreso de algo eterno y que nunca se fue.
Un día, una noche, el portal de una casa y las aves que la moran.
Una luz, una oscuridad. Un todo pintado de nada.
Sin miedo, sin pena, así se supone que debería vivir, porque el que recuerda vuelve a vivir en otros planos, en otros tiempos; no importa que no le correspondan. En el sepia del recuerdo todos somos actores.
Porque el mundo me significa tantas cosas y yo tan ciego y sordo...
Por eso, y por todo lo que se me escapa a cada ida y vuelta, me dedico a sentir cada pulsar del polvo.
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